sábado, junio 13

    Qué

    Junio

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    Ilustración: Dsk 135



    Este cacharro dió lo que tuvo que dar.

    itane?



    Me voy Dios sabe dónde.






    Gracias.

    sábado, mayo 2

    Al Natural

    Mayo

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    Fotografía: aaflotante


       Como todo lo grande en este mundo, empezó con un vasito de vodka.

       Luego fuegos artificiales, explosiones estelares, universos en expansión. La pura fokin moda.

    Continuará...

    miércoles, abril 22

    Un mes, un año, una vida.

    Fotografía: Xava du [photographer padawan]


       -No lo sé, odio esos personajes que aman a todas sus amantes de la misma forma-. Dijo mientras azotaba el argumento sobre la mesa.

       -¿A qué te refieres?- inquirió ella con una mirada inquisitiva.

       -Bien lo sabes, tú escribiste esto, no es posible que no te hayas percatado de que el fulanito éste ama a todas de la misma manera, bueno, casi, apenas si cambia sus nombres, pero las actitudes, los sermones y las cursilerías resultan redundantes un capítulo tras otro. Es como si siguiera al pie de la letra un manual de amor, confiado además en que es el único y el efectivo. No avanza de otro modo más que del indicado, no importa si tropieza o sale avante, es necio o estúpido. Seguramente ambos-. Cruzó los brazos y le advirtió- no puedo publicar esto.

       -¿Qué, no todas somos iguales?- replicó.

       -Me indigna lo que dices. Más aun cuando tu obra no retrata eso, pues cada una de ellas es diferente, si bien, como todas, caen en lugares comunes, me parecen tan disimiles como irreductibles. No hay entre ellas grandes puntos de unión, incluso al interior de cada una existen discrepancias que las llevan la mayor parte del tiempo a no saber cuál es su deseo. Que si rojo, que si azul, que si amarillo, a cada página amanecen de un humor diferente. Mientras que él ¡qué va! siempre el mismo imbécil con las mismas cartas desgastadas bajo la manga.

       -No lo entiendes, ¿verdad?-. Soltó una risilla coqueta-. Aun eres tan bobo como siempre.




    Un mes, un año, una vida

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    Dorotea Coridón
    Abril

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    Imagen: Jorge Miente

    jueves, marzo 19

    Sabado en el Centro, domingo en la Condesa

       El pasado fin de semana, tras conocer el interesantísimo tabicón peludo, decidimos ir de chopin*. Camino al tianguis, nos topamos con este indecente autobús. Uno se cuestiona que tan "público" es el transporte privado.

    ¿De a cuánto, oiga?


       Pasos después descubrimos la complicada existencia que tienen algunas señales viales:

    ...qué será, será...


       Ya después de ver el final de un concierto metalero y de no comprar nada en el tianguis, bueno, nada más que una de esas aguas de sabores que venden por la entrada -las que yo recordaba que sabían más ricas, pero que la verdad ni al caso, aunque sí fue muy refrescante. Luego de eso, ya en las entrañas de la calle del Salvador, quedamos atónitos ante tan novedosos productos:

    Si no es Box, ¿ahora qué será, huey?


       Ya por último, y aunque la foto no es la mejor, encontramos el lado oscuro de esta ciudad, ¡el tráfico de teens!
    ¡Y tan baratos!


    ***


       Al día siguiente, y con diferente ánimo, terminamos en la Condesa, y lo primero que vimos fue:

    La Tesis como elemento neutro. ¡uuuOOOuuu!


       Eso no hablaba lo mejor de la zona, que para mí era desconocida hasta entonces. Cómo fuese, el resto del día fue estupendo, me reí como loco hasta que me dolió la hernia. (Sip, público conocedor y ociosos que pasan por aquí, han de saber que tengo una hernia de la risa, cuya función principal es avisar cuando mi dosis de alegría ha alcanzado sus niveles óptimos y advertirme que de continuar riendo podría sufrir algún daño permanente o incluso alcanzar la felicidad. Como ven no es del todo inútil este órgano tan desconocido por la mayoría.)


    *No confundir con Chopin.

    lunes, marzo 2

    Aquí o allá

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    Imagen: ryangs


       Apenas había puesto un pie dentro del taxi cuando dije mecánicamente lo siguiente:

       -Me lleva aquí a la Comer de Miguel Ángel.

       -¿“Aquí”, joven? ¿No dirá más bien “allá”?

       -Este...- Siempre me desconciertan los comentarios de los taxistas, como el de aquél que me contaba como se cogía a su vieja cada semana en alguno de los hoteles de Calzada de Tlalpan, a menos que ella anduviera en sus días, entonces mejor se iba de parranda con sus cuates; pero eso es otro cuento.

       -Porque aunque sea cerca de aquí se dice “allá”. Como la dulcería de la esquina, mire, está allá, no aquí. Lo ve, joven.

       -Bueno, bueno, pues sí.

       -Sí, joven, no ande confundiendo los adjetivos, uno tiene que atender a la gramática a la hora de hablar, no se puede estar así confundiendo todo y diciendo lo que no cuando sí, y lo que sí cuando no.

       El taxi avanzó mientras meditaba acerca de la naturaleza de tales palabras. ¿Adjetivos?

       -Y usted, joven, ¿qué estudia?- Creo que la mochila me delataba erróneamente.

       -Estudiaba filosofía-. Un suspiro traicionero escapó de mí.

       -Vea, joven, usted no debería andar confundiendo así los artículos-. Me miro con sorpresa por el retrovisor-. Y, ¿por qué ya no?

       -Mil cosas, pero en sí porque ya no podía con la carrera.

       -No, joven, usted erró el camino, eso pasa cuando uno escoge mal su profesión.

       Me quedé callado, con ganas de no recordar nada al respecto. Miré por la ventana. Las cosas se veían algo raras, un extraño sentimiento de que no todo está bien, o de que nada anda muy bien, me invadió. ¿Habrán surtido algún efecto los mil sermones filosóficos que me fumé?

       -Y, ¿a qué se dedica ahora, joven?- Tanto “joven”, me halagaba.

       -Ando reparando computadoras, pero eso no deja para vivir (no con decencia, al menos).

       -Mire, ¿por qué no estudia algo de eso mejor?

       -En eso ando-. Creo que no me escuchó.

       -Una ingeniería o algo por el estilo.

       -Me deja allá en el siguiente semáforo, por favor.

       -Con gusto, joven.

       -¿Cuánto le debo?

       -Nomas son treinta pesitos.

       -Aquí están, gracias.
       

    lunes, febrero 16

    Tarde que temprano

    Febrero
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    Imagen: nahan


       Y aun cuando a veces no congeniamos, nos enojamos, lloramos, y andamos distanciados, nuestra necedad por estar conjugados es vasta. Tú en futuro perfecto, yo en imperfecto de subjuntivo.

       Somos en una sola palabra.

    viernes, enero 30

    Microbús 7

    Fotografía: «•*٠ кιτ-кaτн .٠*•»


       Una decepción amorosa, era obvio: el chofer del microbús estaba destrozado, no podía escuchar ninguna salsa, ninguna cumbia, ni un solo reguetón porque todo esto le recordaba a su rorra. Apenas su estéreo reproducía un CD y una lágrima empezaba a juguetear en el filo de su párpado, de inmediato hacía expulsar el endemoniado objeto y lo lanzaba a través de la puerta. Así varios discos vieron su fin: girando y reflejando las luces de la ciudad antes de caer hechos trizas al húmedo asfalto. Los pasajeros admiramos con singular sorpresa como los pequeños platillos abandonaban la embarcación para invadir nuevos mundos debido al destierro al que un mal amor los sometió.

       Sin embargo, la astucia del conductor no era la más veloz pues olvidaba que las melodías y los ritmos del amor no se hallan grabados sobre el vinilo de un LP, en la cinta magnética de un cassette, en los diminutos hoyuelos de un disco compacto o en las ínfimas celdas de una memoria flash, sino que están arraigados en el fantasma que habita la humanidad.

       Con todo, no era lerdo, solo lento: se tomó a sí mismo por el ombligo y se arrojó girando hacía la calle, dando vueltas y con poco brillo el chofer cayó sobre la banqueta hecho añicos. Nosotros seguimos su ejemplo.

     

    jueves, enero 8

    Meditaciones envueltas en aluminio para llevar

    Fotografía: feastoffools


       El pasado cinco de enero tuve la fortuna de ser uno de los revendedores oficiales y reconocidos ante la H. Asociación Nacional de Jugueteros. Mi tarea era relativamente sencilla: convencer a los Reyes Magos sobre la inconveniencia de regalar mirra, incienso u oro, e informarlos sobre lo educativos que pueden resultar los nuevos juguetes de plástico con rebabas. Los viejos se mostraron un poco renuentes al principio, pero tras largas argucias argumentativas acerca de como están perdiendo mercado frente al regordete ese que se enfunda en fieltro rojo accedieron a llevar algunos de nuestros productos. Les ofrecí solo lo mejor: camioncitos de carga, muñequitas de ojos saltones, el ajedrez palestino-israelí, y los ya clásicos juguetitos chillones con forma de animalitos extintos por el hombre, pero nada llamó más su atención que los nuevos maletines de instrumentos. De estos los hay de dos tipos: el maletín de reparador que contiene muchas pequeñas herramientas de metal, martillos, desarmadores, pinzas, sierras, y hasta un cautín que solda de verdad; y el otro, un maletín médico que consta simplemente de un estetoscopio, un par de cuchillitos, unos abatelenguas y unas de gafas sin cristal ni mica, todo de plástico. Los dizque Santos estos me pidieron les vendiera el lote entero con el afán oculto de conseguir un mejor precio, lo cual no les pude negar pues aun quiero ganarme el cielo. Todo iba bien hasta que les expliqué que las cajas rojas contenían los maletines médicos y las azules los de reparador.

       -Creo que hay una confusión- dijo torpemente en español uno de ellos.

       -Con gusto lo arreglamos, díganme cuál.

       -Solo queremos los de médico, los otros no.

       -Pero... bueno, el costo acordado es por todos los maletines y no tuvieron inconveniente con esto. Además, así tienen de dónde escoger, hay opción pues, ¡libertad!- no tengo idea de porque dije esto último.

       -Dígame joven- se acercó uno de ellos y con suave voz continuó, -¿qué madre en este mundo no quiere que su hijo sea doctor?

       Quedé pasamado.

       -¡Vamos, hijo, es una pregunta retórica!- vociferó uno de ellos -. Ni los reparadores quieren que sus propios hijos sigan su ejemplo.

       Hice pedazos el pedido, y volví a hacer otro, con la esperanza de que mañana este país esté lleno de médicos.

    domingo, enero 4

    Ora la misma canción

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    Fotografía: safoocat


       Lo veo venir, paso a paso se acerca el mismo horizonte que aparece cada amanecer, que siempre se oculta por la tarde. Ya no quiero hablar de lo mismo, les aburre, lo presiento. El milagro que cambia las cosas no está aquí, ni lo busquen, no se los quiero mostrar, está allá en otro lado, donde se supone debería estar, aunque a veces -para ser sincero con ustedes- pareciera ausente, es cosa de los milagros, así son, eso me dijeron las viejas tuertas del otro día. Ese par de brujas que surcan el mundo tomadas de las manos, con las cabezas bien juntas rezando una a la otra su propia perspectiva con la gloriosa esperanza de conseguir un mundo lleno de profundidad.

       ¡Qué va!, caigo en los mismo, ustedes no lo saben -o no lo recuerdan, ni tendrían por qué- pero estas veredas no son las de antaño, uno es quien se empecina en apodarlas igual.

       Pero ni me preocupo, este catarro ya pasará.

    domingo, diciembre 28

    Fervor por los nopales

    Fotografía: Altamar


       ¡Ash! Yo quería escribir un posto bien jocoso y lleno de mentirillas malsanas para chamaquearlos este día de los inocentes, pero tras veinticuatro horas de concienzuda meditación nada interesante resultó además de esta inocente confesión.

       Ya será el próximo año.

    jueves, diciembre 25

    Cambiando de tradiciones

    Fotografía: aaflotante


    Aburridos del bacalao noruego, este año decidimos modificar el menú navideño y probar las supuestas delicias provenientes del fondo de Bikini.

    miércoles, diciembre 17

    Gente valiente

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    Fotografía: · skëne ·


       Llegó algo agitado, quitándose el sudor de la frente al tiempo que me saludaba, se sentó, encendió un cigarrillo y así sin más preámbulo lo soltó.

       -Voy a escribir una novela.

       Sonreí, nada más se podía hacer. Argüir que es un sueño estúpido, que morirá de hambre en el proceso, y que nadie lo querrá publicar, es algo que ya ha escuchado de su padre. Ya su madre le auguró mejor suerte como periodista. Alentar su delirio de escritor, no es tarea mía, ya bastante tiene con las incontables lisonjas de sus profesores. Y aun cuando me gustaría decirle que hoy día hacer una novela es más bien un acto de nostalgia o un mero arrebato de soberbia, preferí invitarle una cerveza y robarle un cigarrillo.

       -No, mejor pido un chocolatito- concluyó.

    martes, noviembre 25

    V

    Fotografía: Ferran.


       Puras nostalgias. Éste frío que hace quebradiza la piel, ablanda el alma. Y nos es que guste de recorrer viejos senderos, pero nunca se olvida la ruta que hasta aquí nos trajo. Y estos plurales tan amistosos, tan inclusivos, solo me sirven para evadir mencionar tus nombres.

       Pareciera que estas veredas fueran las mismas de ayer, pero no, aunque sí, no. Ahora estoy del otro lado, siempre hay un lado nuevo, o cuando menos me lo invento. Porque el camino recto aburre, siempre ando haciendo rodeos innecesarios, quizá en un raro intento de encontrar algo nuevo. Lo nuevo acontece, no se encuentra, que si uno lo encontrara, ¿qué de nuevo tendría eso?

       Pero trato de no tomarlo muy a pecho, porque cuando tengo sueño confundo el es con el fue y el será. Ya ven, conjugar no es mi mejor arte. Apenas me mezclo con un poco de licor y todo se olvida.

    domingo, noviembre 23

    O

    Fotografía: KhayaL


       El problema es que uno lo piensa mucho. Porque a fin de cuentas pensar es eso: hacerse pendejo. Los que no piensan son pendejos, los que pensamos solo nos hacemos pendejos, he ahí la diferencia que nos hace a todos iguales. Así es:

       Uno va por la calle y, de pronto, sin deberla ni temerla, somos víctimas de una injuria. Nos volvemos y respondemos con otra injuria, ¡no!, mejor acabamos todo eso a punta de golpes, ¡mejor aún!, a cuchilladas, es más, sacamos el plomo y ¡a ver qué hidesureputísima se nos vuelve a cruzar enfrente! Pero no, nada de esto hacemos, porque hacer eso es de bárbaros, de palurdos e ineptos que no reconocen otra ley que la de los puños.

       Está bien, lo indicado es dialogar con el agresor y así limar las asperezas, porque el diálogo es la vía, es el camino al monólogo. Pues segurito el hideputa aquel es un hijo de perra bravucón y deslenguado, y apenas abramos la boca lanzará sus colmillos sobre nuestra yugular. Ni la pena vale hablar con semejante animal, concluimos.

       Pero bajar la cabeza ante tal engendro, ¡nunca! ¡Que ni en presencia del mismísimo dedo de dios me inclinado! Porque nuestra sapiencia nos ha dado algo que a los brutos les fue negado: la soberbia. Así que levantamos nuestra cabeza sobre las nubes, avanzamos lento pero con paso seguro, y hacemos como si ninguna injuria hubiese sido lanzada sobre nosotros. Porque, ¡qué importan las palabras, los golpes, la ruina, cuando uno no es amo y señor de sus propias pasiones! ¡Nada!

    sábado, noviembre 22

    N

    Fotografía: Eva the Weaver

       

       Y hace un par de días volvieron las ganas de escribir.

       Pero así como todo, el arribo fue glorioso y el partir prematuro.

       

    martes, noviembre 11

    ¿Alguien se acuerda qué mes es éste?



    LuMaMieJueVieDo






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    Fotografía:  Yuumei


       La verdá es que ando algo desorientado. No sé ustedes, pero yo cada día me encuentro menos, quizá sea que he cesado de buscarme, o será que ya me acostumbré a este cómodo desconocimiento de mí. ¡Bah! ¡Qué va! Tanta meditación me da dolor de tatema.

       Vuelvo, en serio, no tardo.

    viernes, octubre 31

    Hace diez años intenté dejar de fumar

    Los zapatistas son el camino


       Van ustedes a creer que La Máquina Insurrecta del Sur habla bien de mí, ¡Dios mío, a dónde va a parar este mundo! La verdá es que yo estaba requetenervioso, no sabía ni que decir, sonreía bobamente -más que siempre. Me parecía poco apropiado preguntarle sobre sus ligues: y le pregunté. Admito que no esperaba tal minuciocidad al contar los detalles exactos en que las... bueh... no hay por qué rememorarlo todo. Basta decir que me cayó tan bien como desde el primer día que leí su bló (muy bien, pues). Aunque creo que se molesto un poquillo cuando le robé su último cigarro, porque además no lo pedí amablemente: ¡Ey, tú, las máquinas no fuman, dame esa cosa o te arranco los circuitos!

       En fin...

       El viaje al Hoyín del Infierno fue insólito, así: insólito.

       [Todos, por favor, pongan cara de sopresa a las tres: ¡1, 2, 3! ¡Sorpresa!]

       Ahora, si me permiten -y aunque no- concluiré este posto. Mañana quizá amanesca, y quiza haya otro posto, de ser así, mañana seguiré con mi gusto por las esdrújulas, por los participios futuros, y por las muchas redundancias.

    martes, octubre 7

    Extraño

    Vía: the horror blog


       Él los engañó: no tenía ninguna historia entre dientes. Sin la más mínima consideración hacia ustedes: mintió. Así: clara y rotundamente (porque la falsedad es una elemento esférico, según los físicos) les sembró la semilla de lo imaginario en sus confiadas almas. (Claro que hubo quienes -e hicieron bien– ni caso le prestaron.)

       Más les valdrá no volver a fiarse de este sujetillo de tan mala cuna. Porque -y no es por infamarlo más de lo necesario– han de saber ustedes que apenas si éste había salido del vientre materno cuando ya andaba fingiendo –FINGIENDO- los alaridos que cualquier neonato da. Y no es por disculparlo, pero el pobre nació sin conocimiento alguno, a diferencia de todos los demás, su sesera se hallaba vacía, hueca como un coco (con agua dentro, obvio).

       De niño, durante el recreo, abría su lonchera y solo encontraba remedos de torta: bolillos -cuando tenía suerte– rellenos de azarosos ingredientes que su madre alcanzaba a pescar en la alacena, que mezclaba y sofreía dizque para sazonarlos bien y alimentarlo mejor. Sustancias realmente asquerosas -tanto como él mismo– eran las que tenía que almorzar. Sin embargo, el muy listo se tragaba todo de una manera tan suculenta, tan deliciosa, tan sabrosa, que todos -me incluyo entre ellos– lo envidiaban. Cualquiera hubiera matado por probar aquello, no importaba cuan mal se viera u oliera, la cara de él se desbordaba de placer a cada mordida. Jamás compartió un poco de aquello, siempre engullía hasta la última migaja, cosa que solo aumentaba las especulaciones sobre su madre: ¿será repostera, chefa, maga o qué? Nos preguntábamos.

       Su vida en conjunto no ha sido sino una sarta de mentiras, una colecta de plagios, una serie sin fin de imitaciones y burlas. No conoce el respeto, ni la verdad. Entre sus actos más graves no solo se cuenta el intento inverosímil de suplantar a Dios, sino también el vergonzoso caso de hacerse pasar por Lady D cuando andaba vestido de Queen Elizabeth II.

       Nada puede creerse de este gañán, hasta el semblante le es falso, es todo máscara y persuasión. Es puro cuento, no le escuchen, cierren los oídos en su presencia.

       Yo, en cambio, si tengo algo importante que contarles.

    sábado, octubre 4

    Me gané sesenta pesos

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    Fotografía hurtada a: aloquita


    Y me sentí especial. A últimas fechas mi vida se balancea entre la haraganería y la desidia. Hay días en los que nunca amanece. No es la tristeza lo que me invade, ¡dios quisiera fuera ella!, pues de hecho me encuentro rebosante de alegrías. Hace días traigo un cuento atorado entre las amígdalas, las cuales nunca han gozado de un buena salud, y a cada rato andan inchándose, poniéndose rojas y excretando pus a los cuatro vientos. El doctor me aconsejó asistir a una sesión de la Iglesia Ecuménica de los Paupérrimos en los Últimos Días. Sospecho ligeramente de las intenciones de mi médico. Lo conozco hace tiempo, cuando solíamos ir juntos y de la mano a comprar las botellitas de mezcal que nos embriagaron durante la juventud. Nos separamos la triste tarde en que nuestro vinatero nos advirtió los riesgos de seguir bebiendo aquel elixir: pueden acabar mal, perder la vista o empezar a delinquir, mejor beban algo más mejor. No le hice caso, por supuesto, solo quería que gastáramos más en botellas de vidrio, con etiquetas de oropel y nombres de renombre grabados sobre la tapa. Después de todo no me hallo tan mal, al vinatero debe retorcérsele el hígado cada vez que me ve paseando por la calle. Porque dígame usted si no le resulta del todo envidiable este estado de parcial putrefacción y abandono del que goza un desempleado nunca antes empleado.


    martes, septiembre 23

    Microbús IV

    Fotografía: loborroso


       Aquél era un día infernal, digno de un milagro vaticinado. Hacía horas que me encontraba apretujado entre un montón de zutanas y fulanos, enclaustrado en el caparazón inclemente de un microbús, atascado en medio de mil autos en una de las humeantes arterias de la ciudad. Meditaba acerca de nada, mi cabeza estaba sometida bajo el yugo de los hedores que el calor hacía emerger de mis congéneres, cualquier idea por brillante que fuera hubiera terminado sofocada por aquella situación que hacía parecer al averno un mero pozole tibio. Cada gota de sudor que patinaba sobre mi frente, contrario a su función natural, solo lograba enardecer mi enfado. Mi alma crepitaba con vehemencia, como una súplica a la iracunda diosa de la desesperación. Por fortuna, el constante aroma a gasolina y óxidos de carbono conseguía apaciguar todo conato de trifulca, suicidio u homicidio. La mirada se escabullía entre las rendijas que dejaban los cuerpos apiñados, buscando ansiosa un respiro de consuelo, aunque fuese la esperanza de una brisa al mirar por el parabrisas. Fue entonces que noté al chofer sumergido en cierto trance del que ahora poco puedo explicar, al instante siguiente se levantó sobre su propio asiento y habló.

       -Por razones de seguridad, que pronto le serán claras, hemos decidido, amables pasajeros, que esta unidad debe ser desalojada lo más pronto posible. Sin ninguna duda su dinero les será devuelto en el transcurso de los próximos días, como marca la ley.

       Hubo quejas y rechiflas, pero impasible, el carirredondo conductor convenció a todos para que acataran el mandato antes expuesto. No se detuvo ante ningún reclamo, no hizo caso a las amenazas, ni prestó atención a las múltiples ofensas que varios le recitaron a todo pulmón. A mí, con verle los ojos vacíos de cordura me bastó para descender sin gemir la menor queja.

       Apenas la última señorita bajó del vehículo, el chofer tomó asiento, apagó el motor y el tremendo armatoste en un parpadeo redujo sus dimensiones hasta alcanzar un tamaño inapreciable para la ramplona vista humana. El pequeño grupo de evacuados, someramente maravillados por lo ocurrido, pero en general más preocupados por la puntualidad, se disgregó entre los automóviles varados, tomando cada quién su propio rumbo. Por mi lado, busqué la tienda más cercana, moría de sed.

       Semanas después, y como obrado por dios, encontré en uno de los rincones de mi buzón un diminuto sobre, el cual apenas podía retener en su interior las tres moneditas de un peso que un tal Pável remitía para mí, según indicaban unas minúsculas grafías en su exterior. Éste es precisamente el motivo para escribirle, no únicamente para elogiar la honestidad de sus empleados, sino para compartir con usted la alegría de saber que aun hay en el mundo gente honrada y decente.