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    lunes, febrero 16

    Tarde que temprano

    Febrero
    (again)

    LuMaMieJueVieDo






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    Imagen: nahan


       Y aun cuando a veces no congeniamos, nos enojamos, lloramos, y andamos distanciados, nuestra necedad por estar conjugados es vasta. Tú en futuro perfecto, yo en imperfecto de subjuntivo.

       Somos en una sola palabra.

    viernes, enero 30

    Microbús 7

    Fotografía: «•*٠ кιτ-кaτн .٠*•»


       Una decepción amorosa, era obvio: el chofer del microbús estaba destrozado, no podía escuchar ninguna salsa, ninguna cumbia, ni un solo reguetón porque todo esto le recordaba a su rorra. Apenas su estéreo reproducía un CD y una lágrima empezaba a juguetear en el filo de su párpado, de inmediato hacía expulsar el endemoniado objeto y lo lanzaba a través de la puerta. Así varios discos vieron su fin: girando y reflejando las luces de la ciudad antes de caer hechos trizas al húmedo asfalto. Los pasajeros admiramos con singular sorpresa como los pequeños platillos abandonaban la embarcación para invadir nuevos mundos debido al destierro al que un mal amor los sometió.

       Sin embargo, la astucia del conductor no era la más veloz pues olvidaba que las melodías y los ritmos del amor no se hallan grabados sobre el vinilo de un LP, en la cinta magnética de un cassette, en los diminutos hoyuelos de un disco compacto o en las ínfimas celdas de una memoria flash, sino que están arraigados en el fantasma que habita la humanidad.

       Con todo, no era lerdo, solo lento: se tomó a sí mismo por el ombligo y se arrojó girando hacía la calle, dando vueltas y con poco brillo el chofer cayó sobre la banqueta hecho añicos. Nosotros seguimos su ejemplo.

     

    sábado, noviembre 22

    N

    Fotografía: Eva the Weaver

       

       Y hace un par de días volvieron las ganas de escribir.

       Pero así como todo, el arribo fue glorioso y el partir prematuro.

       

    viernes, octubre 31

    Hace diez años intenté dejar de fumar

    Los zapatistas son el camino


       Van ustedes a creer que La Máquina Insurrecta del Sur habla bien de mí, ¡Dios mío, a dónde va a parar este mundo! La verdá es que yo estaba requetenervioso, no sabía ni que decir, sonreía bobamente -más que siempre. Me parecía poco apropiado preguntarle sobre sus ligues: y le pregunté. Admito que no esperaba tal minuciocidad al contar los detalles exactos en que las... bueh... no hay por qué rememorarlo todo. Basta decir que me cayó tan bien como desde el primer día que leí su bló (muy bien, pues). Aunque creo que se molesto un poquillo cuando le robé su último cigarro, porque además no lo pedí amablemente: ¡Ey, tú, las máquinas no fuman, dame esa cosa o te arranco los circuitos!

       En fin...

       El viaje al Hoyín del Infierno fue insólito, así: insólito.

       [Todos, por favor, pongan cara de sopresa a las tres: ¡1, 2, 3! ¡Sorpresa!]

       Ahora, si me permiten -y aunque no- concluiré este posto. Mañana quizá amanesca, y quiza haya otro posto, de ser así, mañana seguiré con mi gusto por las esdrújulas, por los participios futuros, y por las muchas redundancias.

    martes, septiembre 23

    Microbús IV

    Fotografía: loborroso


       Aquél era un día infernal, digno de un milagro vaticinado. Hacía horas que me encontraba apretujado entre un montón de zutanas y fulanos, enclaustrado en el caparazón inclemente de un microbús, atascado en medio de mil autos en una de las humeantes arterias de la ciudad. Meditaba acerca de nada, mi cabeza estaba sometida bajo el yugo de los hedores que el calor hacía emerger de mis congéneres, cualquier idea por brillante que fuera hubiera terminado sofocada por aquella situación que hacía parecer al averno un mero pozole tibio. Cada gota de sudor que patinaba sobre mi frente, contrario a su función natural, solo lograba enardecer mi enfado. Mi alma crepitaba con vehemencia, como una súplica a la iracunda diosa de la desesperación. Por fortuna, el constante aroma a gasolina y óxidos de carbono conseguía apaciguar todo conato de trifulca, suicidio u homicidio. La mirada se escabullía entre las rendijas que dejaban los cuerpos apiñados, buscando ansiosa un respiro de consuelo, aunque fuese la esperanza de una brisa al mirar por el parabrisas. Fue entonces que noté al chofer sumergido en cierto trance del que ahora poco puedo explicar, al instante siguiente se levantó sobre su propio asiento y habló.

       -Por razones de seguridad, que pronto le serán claras, hemos decidido, amables pasajeros, que esta unidad debe ser desalojada lo más pronto posible. Sin ninguna duda su dinero les será devuelto en el transcurso de los próximos días, como marca la ley.

       Hubo quejas y rechiflas, pero impasible, el carirredondo conductor convenció a todos para que acataran el mandato antes expuesto. No se detuvo ante ningún reclamo, no hizo caso a las amenazas, ni prestó atención a las múltiples ofensas que varios le recitaron a todo pulmón. A mí, con verle los ojos vacíos de cordura me bastó para descender sin gemir la menor queja.

       Apenas la última señorita bajó del vehículo, el chofer tomó asiento, apagó el motor y el tremendo armatoste en un parpadeo redujo sus dimensiones hasta alcanzar un tamaño inapreciable para la ramplona vista humana. El pequeño grupo de evacuados, someramente maravillados por lo ocurrido, pero en general más preocupados por la puntualidad, se disgregó entre los automóviles varados, tomando cada quién su propio rumbo. Por mi lado, busqué la tienda más cercana, moría de sed.

       Semanas después, y como obrado por dios, encontré en uno de los rincones de mi buzón un diminuto sobre, el cual apenas podía retener en su interior las tres moneditas de un peso que un tal Pável remitía para mí, según indicaban unas minúsculas grafías en su exterior. Éste es precisamente el motivo para escribirle, no únicamente para elogiar la honestidad de sus empleados, sino para compartir con usted la alegría de saber que aun hay en el mundo gente honrada y decente.

    lunes, julio 28

    Pláticas con uno mismo



       Meditaba, -está bien, bobeaba pues.

       -Qué esto del bló no era para publicar lo que se me viniera en gana. Me pregunté.

       Ni yo me hice caso, literal: nadie me pela.

       -Ni que fueras banano- me contesté-. A uno no lo "pelan", se dice "no me prestan atención" (porque la atención es nomas prestada), o bien, se dice "no me rapan".

       -¡Uy! ¡Pero si andas de un gracioso in-so-por-ta-ble!

       -Ya ves- me sentía de un excesivo amable conmigo mismo.

       -Entonces, qué, ¿puedo publicar lo que se me hinche?

       -Si vas a seguir escribiendo así, ¡por supuesto que no!- me regañé.

       -¡A la ve#*a! ¡No me vas a decir que puedo y no puedo publicar! ¡Y no me censures hijo de tú madrecita linda! ¡Ni cambies mis palabras! ¡Tus trucos sucios no funcionarán!

       -¡No rezongues!

       Disculpen ustedes. Vuelvo en un rato cuando haya escrito algo bonito (corregido cuando menos tres veces).


    Hurtada desde: nita_turtle

    Un día de estos cobraré por robarme fotos. Hasta entonces...

    lunes, junio 30

    ¡Feliz, feliz dos mil ocho!

    Fotografía: hjw223

       

    ¡Ánimo!



       Poquito más y matamos este año como se debe: ¡a botellazos!




       Yo ahorita me voy con mi botellita a festejar al paseo Santa Lucía.




       Ah, sí, y felicidades también a todos los que cumplen años este año. Invítenme a los festejos, ¿no?

    Nací para morir sin gloria

    Ilustración: Jaume d'Urgell

       Nomas no puedo. Trato, pero cada vez que estoy a punto de escribir algo así como va, acabó por abandonar el intento. Tengo miles -la exageración mediante- de borradores esperando el día en que me libere de esta maldición. Aguardo con ansias el momento en que deje de ficcionalizarlo todo, bueno, de eufemizarlo, y pueda escribir con menos enredijos. Porque a veces me preguntan que si esto, que si lo otro, que qué es verdad en mi bló, y nunca sé responder. Más bien, respondo con más invenciones mías, que no son del todo mías, son en realidad refritos de viejas series de televisión, de chismes del TVyNotitas, y de anécdotas del Libro -gloria de la literatura mexicana- Vaquero.

       ¿Apoco no me creen?

    martes, junio 24

    Mañana post tristísimo...


















    ...si es que mañana me decido a escribirlo.



    miércoles, marzo 12

    El que nace pa' maleta...



       Realmente el tiempo es breve, y no quiero abrumarlos con azotes innecesarios o con pegajosa melaza. Hoy toca una simple anécdota.

       Por razones que no alcanzo a comprender (ni ahora de madrugada, ni de día), llevo una semana enseñando español a una mujer japonesa. Ha sido interesante, y hasta divertido: cada día hallo un nuevo encanto en el español, pese a todos sus defectos y exageraciones (¿¡dieciséis conjugaciones!? ¡A quién se le ocurre semejante cosa!).

       El otro día, al llegar a su casa, me ofreció un vaso de refresco, a lo cual respondí cordialmente: no, gracias.

    (Sé que no he sido el mejor instructor, que no comprendo ni un ápice de la cultura japonesa, que incluso llego tarde y me retiro temprano, que mi salario no es bien merecido, y que me quejo cada vez que hago una pausa, pero creí que... bueno.)



       Inmediatamente, ella corrió hasta la cocina, regresó con un vaso, sirvió refresco dentro y me lo dio. Me limité a decir simplemente: gracias y a meditar sobre mi temprano, y más que necesario, abandono de la docencia.


    Hurtado de: kazukichi

    domingo, marzo 9

    Atún

       -Primero debes aprender a pescar atunes, aunque con uno solo bastará. No será difícil, son realmente estúpidos, a diferencia de los delfines, pero de carne más sabrosa. Tras capturarlo, tendrás que desollarlo y desviscerarlo aun vivo, así es más fácil, las convulsiones del animal contribuyen al proceso. Luego, habrá que rebanarlo con sumo cuidado, apartando la carne de las espinas. Ya después podrás hervirlo, o freírlo, o como prefieras.

    -¡Diack! No pienso hacer todo eso para preparar un simple sándwich de atún.

    -Solo diré que no es digno de ti comprar una latita en la tienda de la esquina.

    -¿Cómo no? Aquí tengo una.

    -¡Ah, maravilloso! Usa tu lata, a fin de cuentas las atuneras ni pescan atunes, ni matan atunes, ni filetean atunes, ni los cocinan, ya menos los despedazan y los comprimen en diminutas latas dejándoles de atún solamente el mote.

    -¿Quieres que te prepare uno?

    -Por favor.

    lunes, febrero 11

    Torbellino

    Fotografía: XgeminisX

       Así que todo se arremolinaba. Debí saberlo antes, cuando vi a las viejas del pueblo degollando gallinas, cuando desaparecieron las risas de los niños y solo quedó el silbido monótono del grillo, cuando incluso la necia cigarra enmudeció, augurio de su propia muerte. Pero uno siempre piensa que volverá a amanecer. Cosa nada descabellada, imaginen ir a dormir arropados con la certidumbre de nuestra evanescencia. Es más sencillo dormir con la angustia de que venga el Coco para comernos a cachos y luego chuparse los dedos.

       Todo es más sencillo así. No quitaré el dedo del renglón: no hay que complicar más estos enredos. Seamos sinceros, cínicos, pero jamás charlatanes.


    Hoy ya no tengo con quien soñar húmedamente.


       El mercado de mis fantasías es cada vez más exiguo. Ahora me conformo con simplezas, vaguísimas reminiscencias de mi memoria, que cada día, como vídeo gastado, se deterioran más. A veces ya no sé qué estoy haciendo, ni a qué (sí, a qué) se lo estoy haciendo. Ya ni siquiera sé que siento, si es deseo, gusto por la rutina, o deleznable amor.

    Fuente

    jueves, enero 31

    ...como una lombriz

    ¿Tengo que decir algo más?



       No, no es retórica la pregunta.
       Ya saben que voy a hablar de más, como siempre en este bló.

       Me arrepiento un poco de haberla ficcionalizado, en verdad es más de lo que imaginé. Por un largo rato me quede callado mientras me hablaba de cine. Luego, como para disimular mi ignorancia, le tiré la cerveza encima. Es un pecado tirar el alcohol, lo sé, pero no hubo salida, mi cara de idiota se agudizaba cada vez que surgía de sus labios un dato interesantísimo. Me disculpé mil veces, intentando cambiar el tema de la conversación, pero ella insistía en que no tenía importancia, y que el cine esto, y estotro. No, en serio, lo siento, le repetía, ella amable sonreía, y continuaba. Era un callejón con una sola salida: me tire la cerveza encima. ¡Ay, soy todo un briago! Voy al sanitario a limpiarme, le dije y corrí. Al regreso, sus ojitos llenos de alegría, sus labios rebosantes de palabras que desconozco, me hicieron preguntar: ¿Ya no hay cigarros? ¡Uy, voy por más! Soy taaan amable y comedido.

       -Me da unos Marlboro, por favor.- ¡Pero qué haces!, me pregunté a mí mismo. ¡Aborreces los Marlboro! Lo sé, me respondí, pero a ella le gustan. ¡Y eso qué! A ella le gustan, insistí.

       -Son veinticinco pesos- de menos son más baratos me dije.

       A mi regreso me preguntó la hora. Me dijo que era más tarde de lo que pensaba, que el tiempo se le había ido volando. ¿Qué dicen, fue un halago? Y sí lo fue, ¿lo fue para ella o para mí? Cómo sea, mi corazoncito latió, leve y avergonzadamente, tras lo cual hubo un silencio lleno de tensión. Mi corazón late tan raras veces que la madre naturaleza se aterra cada vez que sucede, los pajaritos en sus nidos tiemblan y sus picos resuenan como castañuelas.

       La próxima semana nos tomamos un vodkita, me lo prometió.

    viernes, enero 25

    Caras vemos


       Quiero que me tome confianza, que se sienta seguro en mi compañía. Quiero que duerma tranquilo, a pierna suelta, a ronquido abierto. Que tenga la certeza de que no le tocaré ni la sombra, que no anhelo su aliento, que nada más palabras hay entre los dos. Quiero que me confunda con su hogar, que de un momento a otro, sin que él sospeche malicia alguna, mi nombre sea sinónimo de refugio, lo más próximo a un Edén.

       Así, cuando lo haya engatusado con mis cortesías, cuando no quepa en él ni la más leve angustia, ese día me levantaré de la cama poco antes del alba, caminaré a la cocina, con cautela tomaré un cuchillo bien afilado, y regresaré hasta la habitación. De súbito, le voy a agarrar el pito y de un tajo se lo amputaré. Tal vez lo desuelle luego, aun cuando me apenaría mucho mancillar las prístinas sábanas del hotel. Mas quisiera bañarme con su sangre y sufrimiento, tal vez así se de cuenta de cuanto le...


    -¿Y cuanto te debo por la noche?- interrumpió él.

    -Después hacemos cuentas.- Le contestó ella mientras se ponía rubor sobre su pálida y soñadora faz.


    Fotografía: FlorenceMarvellous

    martes, enero 8

    ¿Qué hora es?

    Imagen: Escher


       Podríamos partirnos la cabeza como una mandarina tratando de encontrar la trama oculta de esto. Podríamos desgarrar todo esto intentando ordenar el desmadre del mundo. Pero jamás olvidemos -ya lo demostró M.C.- que todo es ilusión. Un juego, si bien complicado, realmente poco serio.